sábado, 26 de julio de 2014

Capítulo 37

Maratón (2/3)

—De verdad, esto es demasiado para mi,—intenta explicar Emily.
—Que no, pesada. Esto es lo menos que podía hacer. Ya te dije: un lugar increíble para una chica increíble,—finaliza repitiendo lo que dijo anteriormente.
—Y yo sigo pensando que no deberías haberlo hecho,—susurra sonriendo dulcemente hacia Justin.
—Bueno, pues...aún hay más,—indica separándose de Emily y soltándola.
—¿Qué?
Justin vuelve al coche y busca en la guantera el regalo que le compró. Una vez lo encuentra, vuelve hasta ella.
—Esto es, pero cierra los ojos.
Emily le hace caso y los cierra.
—Ahora, ábrelos.
Ella así hace y vuelve a abrirlos lentamente. Observa lo que Justin sujeta en sus manos y luego lo mira extrañada.
—¿Qué se supone que es?
—Míralo,—responde sonriente Justin.
Esta obedece y abre la pequeña caja que sostenía Justin en las manos y observa qué hay en su interior. Es el colgante de aquella boutique. El que a ella tanto le gustó, pero que por desgracia no pudo comprarse. ¿Es para ella? ¡Pero si costaba muchísimo! No puede aceptarlo, esto ya es demasiado y no debería hacerlo. Pero... es tan precioso que se le hace imposible decir que no. Debe hacerlo, no puede aceptarlo.
—Es increíble, Justin. Te lo agradezco de corazón, pero no puedo cogerlo. Es demasiado dinero y no quiero que te lo gastes en mi, ¿comprendes?
—Vamos, Emily. Ya no podré devolverlo. Quédatelo.
—No puedo, Justin,—susurra.
—¿Ni por mi?—señala, cogiéndola de la cintura delicadamente y mirándola solo como él sabe.
Ella le devuelve la mirada. ¿Por qué tiene que ser así con ella? Es de lo mejor que le ha pasado.
—Justin...—murmura.
—Emily...—la imita.
Ella sonríe. Vuelve a mirar el colgante y luego lo mira a él.
—Está bien, pero te lo pagaré.
—Ni hablar. Es un regalo y los regalos no se pagan.
—Pero yo no pedí este regalo.
—Los regalos no se piden,—ladea la cabeza y muestra media sonrisa irónica.
Emily resopla y se rinde.
—Bueno, pero te compensaré.
—Con que me digas: "muchas gracias, Justin" y me beses...me sirve,—sonríe.
Emily sonríe y muerde su labio inferior.
—¿Me lo pones?
Justin asiente y lo saca de la caja para colocárselo. Emily se gira y él abrocha el colgante por detrás. Observa su cuello. Es suave y el roce de su piel con la de ella le produce escalofríos.
—Listo.
Ella vuelve a girarse y lo observa directamente a los ojos que ahora brillan más que nunca.
Justin pasa sus manos por la cintura de Emily y ella pasa sus manos por el cuello de él. Ambos sonríen casi al mismo tiempo. Él se acerca a su boca lentamente y ella le imita. Ambos vuelven a unirse en un profundo beso que hace aquella noche más perfecta de lo que ya ha sido hasta ahora.
—Por cierto, te queda genial,—responde Justin una vez que se han separado.
—Gracias...por todo,—sonríe ella.
—No tienes que darlas. Es un placer hacerte sonreír.
 De nuevo, por enésima vez en esa noche, Emily muestra su más sincera sonrisa. Es un chico realmente increíble, pero sigue habiendo algo que le impide acercarse del todo a él. En el fondo sigue siendo el chico que utiliza a las chicas para su antojo, el que las usa como un pañuelo. No deja de ser el chico malo por el que toda chica pagaría por estar entre sus piernas...¿es cierto que de verdad ha cambiado o simplemente es un papel que hace para ganársela? Él le dijo una vez que toda chica cae en sus encantos, quizás esa sea una de sus muchas tácticas para hacerlo. ¿Y por qué piensa todo esto? Exacto: porque David era un chico como él. No quiere volver a sufrir, no quiere vivir el tormento de aquellos años que pasó después de que David la dejara. No quiere y no está dispuesta a ello. Pero... ¿y si es ella la que cambia los papeles y él termina cayendo en su propio juego? Debe hacer algo para asegurarse de que de verdad le gusta y no está jugando con ella, pero ¿qué?

Justin la observa, en estos momentos parece algo nerviosa. ¿Le ocurrirá algo? De todas formas, su encanto nunca lo pierde. Es preciosa la mires como la mires. Sea desde arriba o desde abajo, desde la izquierda o desde la derecha, siempre será perfecta.
¿Por qué se ha vuelto así de repente? Él no era de esa manera, solo buscaba a las chicas para lo mismo y nunca se paraba a pensar en si eran o no eran guapas, en si eran listas o tontas. Eran tías y las tías estaban para follárselas. Aun así, esa chica lo ha cambiado, lo ha cambiado tanto que ella se ha vuelto su prioridad máxima. Todo gira en torno a ella. Siempre acaba pensando en Emily, tome el camino que tome. Ella siempre acaba en sus pensamientos.
Es preciosa. Quiere besarla. Quiere sentir sus labios en los suyos y viceversa. Saborear su boca como si no hubiera mañana, deborarla, hacerla suya. Porque es suya, aunque relativamente. Le gusta, le gusta muchísimo. No se cansa de mirarla 
y no cree que se canse nunca.
—Mira allí,—rompe el silencio, haciendo girar a Emily para que observarse el paisaje.
En ese momento brillaban más que nunca las luces de la ciudad. Lo hacían un lugar increíblemente hermoso y con aquella chica a su lado, no podría ser mejor.
—Uau...—susurró ella.
—Lo sé.
 Justin sonríe más que nunca.
—Sigo pensando que te has molestado demasiado.
—Y yo sigo pensando que eres una pesada y que no te cansas de repetir lo mismo,—suelta una pequeña carcajada.
Emily lo mira con cara de pocos amigos pero enseguida sonríe. Es un buen chico.
Justin la agarra por detrás y apoya su cabeza en el hombro de Emily. Deposita un pequeño beso en su cuello y siguen mirando aquel paisaje recostados a su coche.

[…]

—¿No crees que es hora de irnos? Mis padres se preocuparán,—pregunta Emily.
—¿Quieres irte?
—No, pero aún así mis padres me estarán esperando.
—Esta bien, como quieras,—sonríe.
Ella se zafa del agarre de Justin y él se levanta del coche donde estaba apoyado.
Llevan un rato mirando el paisaje, y observándose a ellos mismos. Sonriendo y besándose. Había poco diálogo porque no había nada que decir, o quizás sí, pero Emily no quería hablar de ello.
Ella seguía pensando en Ian. ¿Cómo le diría que lo dejaba? ¿Qué pensaría él? Sabe lo que se sufre y no quiere hacerle daño.

Justin sube al coche y por otro lado sube Emily. Ambos salen de allí en silencio. Ninguno dice una palabra en casi todo el trayecto hasta que Justin decide romper el silencio.
—¿Te ocurre algo?—pregunta preocupado por los gestos que hace.
—No,—contesta casi en un susurro.
—¿De verdad? Te noto rara. Desde que te di el colgante no dejas de estar... así.
—No me pasa nada, de verdad,—miente.
Justin dirige una mirada rápida hacia ella y luego vuelve su vista a la carretera.
—¿Es por el colgante? Si no lo quieres puedo devolverlo.
 —No es eso, Justin. Me gusta el regalo, es solo que...—se interrumpe.
—¿Qué?—insiste.
Niega con la cabeza.
—¿Qué ibas a decir?
—Nada.
—Emily, vamos, confía en mi.
—Es solo que... que no sé qué hacer cuando le tenga que contar todo esto a Ian.
—¿Eso es lo que te preocupa? Tampoco tienes por qué explicarle cada detalle de lo que has hecho. Solo di que no sientes nada y que quieres dejarlo.
—No es tan fácil, ¿sabes? Yo he pasado por algo parecido y que ahora sea yo la que está en el otro papel me parece... increíble. No quiero hacerle daño y no me gustaría que sufriese.
—En esta vida que te hagan daño es inevitable pero sufrir ya es opcional. Es así: si tú no sientes nada por él no debes seguir con esto. Las relaciones se basan en el amor mutuo y en ser sinceros, si no sientes nada lo mejor es olvidarse y pasar página. ¿Entiendes?
—No es tan fácil decirlo como hacerlo.
—Esta bien... ¿prefieres entonces que lo descubra él, que te vea conmigo y le hagas el doble de daño?
—No.
—Entonces eso ya es cosa tuya,—finaliza.

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