Maratón (1/3)
|Lunes, 11:30 am.|
Emily abre los ojos y mira hacia el techo. Otro día más añadido al calendario. Hoy había quedado con Justin para dar una vuelta solos, él decía que la iba a llevar a un sitio que conocía bastante bien. Pasaría a recogerla sobre las siete de la tarde.
Sonríe ante el recuerdo y se levanta de la cama. Estira sus músculos y se gira hacia la ventana. La abre y sube las persianas. Hoy hace un día muy bueno.
Mira hacia la casa de Justin, exactamente hacia su ventana. Está cerrada así que imagina que sigue durmiendo. Pero en ese mismo instante alguien la sube y abre las ventanas. No consigue ver quien es, esperaba que fuese él quien se asomase y mirara hacia su ventana, pero no fue así.
Se vuelve a girar hacia su armario y busca algo que ponerse (
http://www.polyvore.com/emily_james/set?id=93308645 ) se dirige al baño y se peina. Se asea y luego baja a desayunar.
—¡Mamá!
—Dime hija,—responden desde la cocina.
—¿Que hay de desayunar?
—Te he hecho unas tostadas, pero no hay mermelada ni mantequilla, si quieres echarle algo tendrás que ir a comprar.
—Bueno...dame algo de dinero,—responde ella.
Su madre le da el suficiente y sale de su casa.
Dirige una mirada hacia la casa de Justin, pero no ve a nadie en la ventana. Se dispone a caminar hasta un supermercado cercano.
(...)
—Muchas gracias,—responde Emily amable.
—A usted, señorita,—le responde el cajero.
Sale del supermercado con una bolsa en la mano y camina de vuelta a casa.
De repente ve algo en el escaparate de una tienda, es una pequeña boutique. Aquello que le llamó la atención fue un colgante con una pequeña cruz tumbada. Era precioso, así que entró en aquella tienda y preguntó cuando costaba.
—Cuesta 100 dólares.
Eso era demasiado caro para permitírselo.
—Vale, muchas gracias por la información,—contestó amable con una sonrisa.
Siguió su camino hasta llegar a casa.
—Ya estoy, mamá,—grita.
Se dirige a la cocina y se pone a desayunar.
¿Que hará después? Ni ella misma lo sabe. Lo único que sabe es que se le hará eterno esperar hasta las siete que vendrá Justin.
Justin por otra parte había salido a dar una vuelta, necesitaba pensar y estar solo lo ayuda.
Tan solo necesita saber qué hará hoy para sorprenderla.
Eso es lo que le reconcome la cabeza, ¿qué siente por ella de verdad? ¿Es simple atracción? ¿De verdad la quiere tanto? ¿Estaría dispuesto a hacerla sonreír en los peores momentos? Sí, eso lo tenía claro. Quizás lloraría alguna vez por él, pero lo que sí haría es cualquier cosa sólo para hacerla volver a reír. No podía permitirse hacerle daño a una persona como Emily, ella era increíble, era una de las mejores personas que había conocido. Simplemente era perfecta, aunque ella no lo viese.
Emily era perfecta para él, y eso lo tenía claro.
Llega a casa y llama a su madre.
—Mamá, necesito tu ayuda,—grita.
Su madre aparece bajando las escaleras.
—¿Que pasa?—pregunta.
—Necesito...—hace una pausa—. Necesito consejo,—consigue decir y a su madre se le cambia la cara.
¿Consejo? ¿Su hijo?
Baja los escalones lo más rápido que puede y se sienta en el sofá.
—Cuéntame,—sonríe con entusiasmo.
Nunca pensó que llegase este día y menos tan rápido.
—Verás, ya te dije que me gusta una chica ¿no?—su madre asiente—. Pues verás he quedado hoy con ella y me gustaría saber cómo puedo sorprenderla...
—¿Quieres sorprenderla? Tan sólo ten un pequeño detalle con ella.
Él asiente pensando algo que tiene en mente.
—¿Me prestas dinero?
—¿Cuanto?
—Eh...100 dólares,—responde con miedo a que no se lo dé.
—¿Tanto?
—Es que he visto una cosa que le encantará.
—Bueno, como quieras...
Se levanta del sofá y se dirige a su bolso, busca en su monedero y le da un billete de 100 dólares.
Le tiende la mano para dárselo.
—Una cosa antes de nada,—retiene el billete entre sus dedos—. Elige bien el regalo, sino quieres estropearlo.
—Claro,—sonríe de oreja a oreja—. Voy a comprarlo.
—Emily, ¿a que hora dijiste que salías?—pregunta su padre.
—A las siete me vienen a recoger.
—¿Con quién sales?
—Con...—se calla unos segundos—. Justin.
—¿Sabes que tienes novio, verdad?
Emily mira a su padre con el ceño fruncido y la boca entreabierta en sorpresa.
—Claro que lo sé, ¿qué piensas que voy ha hacer?—pregunta bastante sorprendida por la reacción de su padre.
—Solo te digo que no hagas tonterías,—la mira a los ojos bastante serio.
—No sé que imagen tienes de mi, papá.
Se levanta del sofá y sube a su cuarto bastante enfadada.
Ni su propio padre confía en ella. ¿Como es eso posible?
Coge su móvil y los cascos, y se pone a escuchar música a todo volumen. Quiere olvidarse un rato de toda la mierda que la rodea. Son problemas por todos lados.
|Ese mismo día, 17:00 pm.|
Le suena el móvil a Emily. La están llamando pero no lo oye porque está en silencio y ella está dormida en su cama con los cascos puestos.
—¡Emily!—la llama su madre desde abajo.
Emily no responde.
—¡Emily!—grita más fuerte.
Nada, Emily sigue dormida.
Su madre sube hasta su habitación y entra en ella sin permiso.
La zarandea de un lado a otro y ella se despierta.
—¿Que quieres?—pregunta.
—Me dijiste que te llamara sobre las cinco y ya son las cinco.
—Vale, gracias.
Su madre sonríe y sale de su cuarto.
Ella se quita los cascos y mira su teléfono. Tiene dos llamadas perdidas. Ambas son de Ian.
Vuelve a llamarlo.
—¿Sí?—pregunta Ian.
—¿Para qué me llamaste?—dice esta vez Emily.
—Porque me dijiste que te llamase.
—¿Cuándo?—pregunta desconcertada.
—Ayer, me llamaste y le dijiste a mi madre que me lo dijese. Y pues te he llamado hoy.
—Ah, es cierto.
—¿Qué querías?
—Quería saber cuando venías.
—Pues no sé la verdad, tampoco tengo muchas ganas de volver,—dice con un tono bastante raro en su voz.
—¿Que te ocurre?
—¿A mi? Nada, no me ocurre nada. ¿Y a ti?—pregunta ¿enfadado? Ese tono no era normal en él. ¿Que le pasaba?
—A mi nada, pero te noto raro. ¿Estás enfadado?
—Puede ser.
—¿Por qué?
—¡¿Por qué crees que estoy enfadado?! Porque pasas de mi, porque no me llamas, ya no me dices que me quieres, ¿te he hecho algo malo mientras no estaba? ¿O qué cojones te ocurre, Emily?
—¡¿A mi?!—grita esta vez ella—. A mi no me ocurre nada, ayer te llamé para hablar contigo y tú no estabas, te llevo necesitando desde que te fuiste y tú no estás. No te extrañes si te trato distinto, pero es que la distancia es muy jodida,—consigue soltar de golpe. Lo que hace que Ian se quedase callado.
—¿Es eso todo lo que te ocurre? ¿Que me necesitas y no estoy ahí?
—No, ya no te necesito, tengo a otra persona que me puede ayudar.
—¿Quién?—pregunta alterado.
—Justin. Sí, es él. Está ahí cuando lo necesito y está para ayudarme, es el único que no me abandona.
—¿Hablas en serio?—responde dolido.
—Sí, totalmente en serio.
—Perfecto, porque ya sabes a quien acudir cuando necesites algo. No me pidas más nada, ¿vale?
—¿Qué?—pregunta Emily sin creerse lo que oye.
—Ya sabes de que hablo Emily, yo no llegaré hasta finales de este mes, así que si necesitas algo ya sabes a quien acudir, a mi no me vuelvas a llamar porque no te lo cogeré.
—¿Estás rompiendo conmigo?
—No, no estoy rompiendo, sólo te estoy diciendo que cuando necesites algo ahí tienes a Justin ya que a mi me tienes muy lejos. Adiós.
Y cuelga.
¿Que cojones acaba de pasar? Ahora sí que no sabe que ha pasado entre ellos. Está más perdida que antes.
Deja a un lado todo esto, y se da una ducha para despejarse.
Ahora mismo sólo va a pensar en su...lo que vaya a hacer con Justin.
Se desnuda y se mete en la ducha. Se enjabona el pelo y el cuerpo y luego se aclara. Cinco minutos después sale y se enrolla una toalla por debajo de los brazos y otra para el pelo.
Se seca y se pone la ropa interior, luego se peina. Veinte minutos después acaba y se dispone a maquillarse.
Sombra de ojos, raya, rímel, polvos, un poco de coloretes en las mejillas y ya está lista.
Ahora solo le falta vestirse.
Se dirige al armario y se coge lo que ha preparado (
http://www.polyvore.com/cgi/set?id=99837929&.locale=es ) era algo informal pero formal.
Mira la hora y ya casi va a venir Justin a recogerla. Baja hasta el salón y se coge un poco de dinero para lo que pueda comprar.
Mira el reloj y ya casi faltan cinco minutos, sube un momento a su habitación y se hecha un poco de su perfume favorito "Coco Channel".
—¡Emily, baja!—la llama su padre.
—Voy.
Sale de su habitación y baja las escaleras mirando al suelo para evitar caerse, cuando levanta la vista ve a una persona totalmente distinta. Lleva una americana negra, jeans negros y unas supra negras, todo conjuntado con una camiseta de pico blanca. Está totalmente increíble. Su pelo está peinado en punta con un poco de gomina que se aprecia a distancia, por el brillo que tiene. Una sonrisa se origina en su rostro lo que hace que a Emily se la contagie. Camina hacia él segura aunque un poco nerviosa.
—Hola,—susurra Justin con un tono relajado.
—Hola,—murmura esta vez Emily, con una sonrisa.
—¿Ya os vais?—pregunta su padre.
—Así es, señor.
—Tened cuidado.
—Lo tendremos, papá. Adiós,—sonríe Emily saliendo de casa.
Caminan hacia el coche de Justin que está aparcado frente a la casa de Emily, puesto en posición para ser arrancado.
Justin acompaña a Emily a la puerta del copiloto y se la abre para darle paso dentro.
—Gracias,—responde ella ante ese gesto.
Justin da la vuelta al coche y se sube en el asiento del conductor. Mete la llave en el contacto y le da vida al coche. Justin le ha preparado una sorpresa y le ha comprado un regalo que sabe que le encantará, así que piensa dárselo después de comer, quiere demostrarle que estar con él es genial, quiere demostrarle lo que siente por ella aunque aún ninguno lo tengan claro, quiere demostrarle que él es mejor que Ian, y piensa cumplirlo sea como sea.
—¿Donde me llevas?
—A un restaurante,—responde Justin mirando hacia la carretera.
—¿Es muy elegante?
—No, es simple, ¿por qué?
—Porque no sé si me he vestido para la ocasión.
Justin desvía su mirada hacia ella y luego la vuelve a posar en la carretera.
—Estás preciosa así,—le sale una sonrisa.
Ella lo imita inconscientemente y se acomoda en el asiento esperando llegar a aquel ansiado lugar.
Aparca el coche y ve a Justin bajarse de él, justo en ese momento va a abrir la puerta, pero Justin se lo impide, ella mira desconcertada.
—La puerta te la tengo que abrir yo,—dice desde fuera.
La vuelve a abrir y le da la mano.
—Pues gracias, pero no hacía falta,—le sonríe.
—Es lo que se suele hacer, ¿no? Anda, vamos dentro,—le da la mano y entran en el restaurante.
Fueron hacia un camarero que había en la entrada.
—¿Tienen reservado?—pregunta el hombre.
—Sí, a nombre de Justin Bieber.
—Disculpe un momento,—dice mirando una lista—. Así es, Señor Bieber, sigame.
Siguieron a aquel señor hasta su mesa, la cual estaba alejada de la entrada y muy acogedora.
Dos velas en el centro de la mesa y una vajilla totalmente limpia. Ambos se sientan y el camarero que los acompañó se marcha.
—¿Qué desean?—pregunta otro camarero que apareció de la nada.
—¿Nos puede dejar un momento mientras decidimos?—pregunta Justin.
—Como desee.
Y se va por donde ha venido.
Cada uno coge el menú y deciden lo que van a pedir. Emily se decanta por unos canelones y Justin se decanta por pasta cocinada al estilo de la Toscana.
Esperan la comida mientras conversan, Emily le quiere contar lo que ha sucedido con Ian, pero prefiere esperar a que estén más tranquilos.
La comida les llega y disfrutan de ella entre risas. Se sienten bien, se sienten a gusto, no se pueden quejar porque ambos se sienten bien el uno con el otro.
Emily piensa que ha sido un detalle por parte de Justin organizar todo esto. Que le está bastante agradecida porque necesitaba despejarse durante unas horas de todo lo que le rodeaba y que mejor manera que ir a cenar con su mejor amigo.
Justin por otra parte está deseando ir al otro sitio que ha preparado o bueno...que tiene pensado ir y darle su regalo. Quizás ella no lo acepte pero él espera que sí lo haga, porque seguro que le va a encantar.
Ambos siguen disfrutando de la compañía del otro, con sonrisas de por medio y algunas miradas cómplices.
Ella sonríe.
Él sonríe.
Ella lo mira con ojos de adoración.
Él la mira con ojos llenos de deseo, de admiración por la chica que tiene delante.
Ella vuelve a sonreír y desvía la mirada hacia su plato, haciendo que él se quede colgado de su sonrisa.
(...)
—¿Has terminado?—pregunta Justin.
—Sí, creo que sí.
—Entonces vamos,—responde levantándose de la silla y volviendo a coger su mano como si de una pareja se tratase.
No se dan cuenta que tienen que pasar desapercibidos, ya que ella tiene novio y él tiene novia. Pero ahora mismo eso no les preocupa a ninguno.
—Te tengo que llevar a otro sitio,—afirmó Justin una vez dentro del coche.
—¿A donde?—preguntó Emily curiosa.
—Es una sorpresa,—sonrió victorioso.
(...)
Después de unos veinte minutos en coche, al fin Justin la llevó a ese sitio tan estupendo que él tenía pensado. Era una especie de monte. Desde ahí arriba podía verse casi toda California entera.
—Ya hemos llegado,—responde Justin.
Este baja del coche y se dirige a la puerta del copiloto, la cual abre y ayuda a salir a Emily.
—Vale, ahora cierra los ojos y confía en mi. Aún no quiero que mires.
—A ver si me voy a caer...
—No, tranquila. Confía en mi.
Justin la guía hacia unos centímetros alejados del filo donde acaba el monte.
—Ya,—murmura.
Emily abre lentamente los ojos y observa el paisaje.
—Dios, Justin...est-esto es increíble, —balbucea.
—Un lugar increíble para una chica increíble, es justo,—sonríe mostrando toda su dentadura.
—Tú si que eres increíble.
Justin vuelve a sonreír y se coloca detrás de Emily, agarrando su cintura y atrayéndola a él.
Emily giró su cabeza, mirando directamente a sus ojos, sus ojos del color de la miel; sus labios, que estaban hechos para el pecado; su sonrisa, que deslumbra a simple vista. Era perfecto.
Justin observaba sus facciones, los gestos que hacía con la cara cuando lo miraba. ¿Por qué cojones era tan preciosa? Seguía sin saberlo, era algo surrealista. Esta chica sí que valía la pena, y estaba seguro de ello.
Justin se acercó a su boca, esperando que ella hiciera lo mismo. Esperaba un beso, un jodido beso que le hiciese tocar el cielo. Estaba ansioso por volver a sentir el tacto de sus labios, su lengua jugando con la suya. Estaba deseando poder morder su labio y ver como ella sonreía. Joder, Emily ¿a qué estás esperando?
Como si le hubiese leído el pensamiento, ella acercó sus labios a los de Justin. Se giró sobre sí misma quedando frente a él, pasando sus manos por la nuca y él pasó las suyas por la cintura de la chica, atrayéndola todo lo que podía a él. No la dejaría escapar, no ahora que la había conseguido.
Y otra vez más se fundieron en un beso lleno de pasión y ¿amor? Sí, de amor. Porque era así: ella no era la chica que él siempre soñó. Él no era el chico que ella imaginó. Ninguno de los dos eran un ejemplo a seguir, pero por algún azar del destino se volvieron perfectos el uno para el otro.
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